Es fácil asumir que, en determinadas industrias, pongamos la farmacéutica como ejemplo, rociar con impurezas el producto entraña gravísimos problemas.
Si el producto resulta contaminado, los costes derivados de desechar el género en mal estado pueden comprometer las cuentas de la empresa.
Sin embargo, los inconvenientes de un filtrado del aire ineficiente perjudican a otros sectores también.
Pongámonos en el caso de un taller mecánico que trabaja con un compresor de tornillo para tareas puntuales.
Si no cuenta con un filtro de aire para compresor, los contaminantes invadirán el torrente de aire comprimido alterando el funcionamiento y la condición de las herramientas neumáticas.
Esto se traduce en equipos y herramientas con una vida útil mermada y un producto final con desperfectos (grumos y burbujas en la pintura, rasguños, asperezas…).
Incluso las partículas sólidas de pequeño tamaño suponen una amenaza.
Hablamos de millones de partículas por metro cuadrado arrastradas e impulsadas por aire a presión, como el chorro de arena.
Con el uso y con el paso del tiempo, las impurezas dañarán el compresor de aire, el resto de los equipos de la instalación, las herramientas y la producción.