El proceso parte de la clínica dental donde se realiza un primer molde parcial o total de la dentadura con una base de alginato, que no es otra cosa que una sal soluble de sodio o de potasio, a la cual se le van a añadir una serie de aditivos, entre los que se encuentra un retardador que ayuda a controlar el tiempo necesario para la manipulación del producto.
Al morder el paciente esta base de alginato se obtiene una impresión tridimensional de toda la dentadura o parte de ella.
Esta impresión es el negativo de la dentadura y con ella se fabrica una copia exacta de la dentición del paciente en yeso, copia que se lleva al laboratorio dental donde se fabrican todo tipo de prótesis dentales (fijas, removibles, implantes dentales, ...).
En el laboratorio dental, mediante la tecnología CAD-CAM (Computer Aid Design / Computer Aid Manufactoring) y con la ayuda de un software dental, se diseña un modelo, escaneando las impresiones que se han realizado en la clínica dental, en definitiva, digitalizándolas.
Una vez ya obtenido el modelo, comienza el proceso de fabricación de las prótesis con la ayuda de una impresora dental 3D. Los modelos se imprimen utilizando un proceso de sinterización por láser, de polvos metálicos y cerámicos en atmósfera inerte.
Se introducen los materiales en polvo dentro de la cámara, se cierra la cámara y se introduce nitrógeno hasta alcanzar la pureza y la presión necesarias para iniciar el proceso de sinterización.
La sinterización es un proceso en el cual se aplica presión y alta temperatura (sin alcanzar el punto de fusión) a un material en polvo. De esta manera el material se compacta y forma una pieza sólida.
Este proceso de sinterización en fase sólida se desarrolló a principios de los años 90 y ahora se adapta a una amplia variedad de actividades industriales (incluyendo proyectos de la NASA), siendo el uso de un gas inerte, como es el nitrógeno, imprescindible para el proceso.